El futuro del derecho visto desde sus pasantes

«Lo que piensan quienes apenas están entrando en la profesión«

7–10 minutos

Team meeting at Innovation Legal Clinic with a woman presenting at a whiteboard flowchart.

Cada año miles de jóvenes en México toman una decisión que marcará el resto de su vida profesional: estudiar derecho. No es una decisión menor. Según datos del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), derecho es una de las carreras más estudiadas en México, con más de 360,000 estudiantes universitarios actualmente inscritos. Cada año se gradúan decenas de miles de nuevos abogados que buscan abrirse paso en una profesión que históricamente ha sido una de las más influyentes en la sociedad.

A nivel global, la escala es aún más impresionante. Se estima que existen más de 20 millones de abogados en el mundo, distribuidos entre despachos privados, empresas, gobiernos, organizaciones internacionales y academia. El derecho sigue siendo una de las profesiones más relevantes para el funcionamiento de los Estados, los mercados y las instituciones. Pero en medio de este universo de códigos, tribunales y contratos, hay una pregunta que vale la pena hacerse:

¿Cómo ven el futuro del derecho quienes apenas están entrando a la profesión?

Para intentar responderla, en Mirai organizamos una conversación abierta con tres pasantes del despacho —dos mujeres y un hombre— que están terminando la carrera de derecho o dando sus primeros pasos en el mundo profesional. Durante noventa minutos hablamos de todo: motivaciones, retos, inteligencia artificial, futuro del derecho y hasta del planeta.

La conversación fue honesta, a ratos divertida, a ratos sorprendentemente profunda. Y dejó algo claro desde el principio: la nueva generación de abogados tiene una visión muy distinta —y mucho más pragmática— de la profesión.


¿Por qué los jóvenes siguen estudiando derecho?

Durante décadas, la narrativa tradicional sobre estudiar derecho ha estado ligada a ideas como la justicia, la defensa de derechos o el servicio público. Sin embargo, cuando se pregunta directamente a estudiantes de hoy, las respuestas pueden ser bastante más directas.

Uno de los pasantes lo dijo sin rodeos:

“Mi motivación más fuerte para estudiar derecho era el dinero.”

La respuesta provocó algunas risas en la sala, pero también abrió una conversación interesante. El derecho sigue siendo visto como una profesión que ofrece movilidad social, estabilidad económica y oportunidades profesionales amplias.

Otros mencionaron influencias familiares. Padres contadores, abogados o empresarios que convivían constantemente con temas legales. En algunos casos, la carrera apareció casi como una extensión natural del entorno en el que crecieron.

También apareció algo muy interesante: la fascinación por el mundo corporativo. A diferencia de generaciones anteriores que veían el litigio como el corazón de la profesión, varios jóvenes hoy imaginan su futuro dentro de empresas, bancos, aseguradoras o áreas regulatorias. El derecho, para ellos, no es solo tribunales y juicios. Es parte del sistema que mueve la economía.


El choque entre la universidad y la realidad

Casi todos los abogados recuerdan el momento en que descubren que la práctica del derecho no se parece demasiado a lo que enseñan en la universidad. Para estos pasantes, ese choque fue inmediato. Una de las conclusiones más claras de la conversación fue que la universidad ofrece un gran conocimiento teórico, pero poca preparación práctica.

Los pasantes mencionaron varias áreas donde sienten que la formación académica podría mejorar:

  • Habilidades de comunicación
  • Negociación
  • Interacción con autoridades
  • Práctica procesal real
  • Inglés jurídico
  • Uso de herramientas tecnológicas

El inglés jurídico fue un tema que surgió con fuerza. En muchas facultades se enseña inglés general, pero muy pocos programas profundizan en terminología legal internacional, algo que hoy resulta esencial para trabajar con empresas globales o documentación transfronteriza.

También surgió una reflexión interesante: la verdadera escuela del abogado empieza cuando comienza a trabajar. Ahí es donde aparecen las primeras audiencias, los primeros escritos, las primeras llamadas con clientes y —sobre todo— los primeros errores.

Y como ocurre en casi todas las profesiones, esos errores son parte fundamental del aprendizaje.


Ser pasante hoy: aprender bajo presión

El rol del pasante en un despacho suele ser una mezcla curiosa de aprendizaje acelerado, trabajo intenso y descubrimiento constante. Uno de los temas más comentados durante la conversación fue la responsabilidad real que tienen los pasantes.

Aunque muchas veces se les percibe como la base de la pirámide dentro de una firma, la realidad es que gran parte del trabajo operativo del despacho pasa por sus manos: revisión de expedientes, análisis de documentos, preparación de escritos, investigación jurídica o seguimiento de trámites.

Uno de los pasantes lo expresó con claridad:

“No se habla mucho de la responsabilidad que tiene un pasante.

El trabajo que hacemos sí es importante.”

Pero más allá de la responsabilidad, también hay retos prácticos que rara vez aparecen en los planes de estudio.

Por ejemplo:

  • Equilibrar trabajo y universidad.
  • Organizar tiempos entre audiencias, tareas y exámenes.
  • Lidiar con los tiempos del sistema judicial.
  • Aprender a trabajar con personas de diferentes generaciones.

En el litigio, incluso factores tan mundanos como el transporte entre juzgados pueden convertirse en parte del desafío diario. A veces un trámite que en teoría debería tomar quince minutos puede terminar ocupando varias horas. Es parte de la realidad del sistema legal.


Inteligencia artificial: aliada, no sustituta

En los últimos tres años la inteligencia artificial se ha convertido en uno de los temas más discutidos dentro del mundo legal. Desde herramientas de análisis de contratos hasta sistemas de automatización de documentos, la tecnología está transformando la profesión.

La pregunta era inevitable:

¿La inteligencia artificial les entusiasma o les preocupa?

La respuesta de los pasantes fue sorprendentemente equilibrada.

Por un lado, todos reconocen que las herramientas de IA son extremadamente útiles. Pueden ayudar a:

  • Entender artículos complejos
  • Resumir documentos extensos
  • Acelerar investigaciones
  • Encontrar información más rápido

En palabras de uno de ellos:

“Me ha hecho la vida mucho más fácil.”

Pero también existe una conciencia clara de sus límites. Los pasantes coinciden en que la IA no puede reemplazar el criterio jurídico humano. En muchos casos, las respuestas pueden estar basadas en sistemas legales distintos o interpretaciones incorrectas. Por eso la ven como una herramienta, no como una solución definitiva.

También apareció una preocupación interesante: el riesgo de que las nuevas generaciones se vuelvan demasiado dependientes de la tecnología. Uno de los comentarios fue especialmente contundente:

“Me preocupa que las nuevas generaciones ya no quieran leer.”

En otras palabras, la tecnología puede facilitar el acceso al conocimiento, pero también puede reducir la curiosidad intelectual si se usa de forma pasiva.


El abogado del futuro

Cuando la conversación giró hacia el futuro de la profesión, apareció una pregunta clave:

¿Qué habilidades necesitarán los abogados para seguir siendo relevantes?

Las respuestas fueron sorprendentemente consistentes.

  • Primero: Comunicación.

El derecho sigue siendo una profesión profundamente social. Los abogados negocian, argumentan, persuaden y construyen relaciones constantemente.

  • Segundo: Seguridad personal.

Un abogado debe transmitir confianza incluso cuando está enfrentando problemas complejos o información incompleta.

  • Tercero: Criterio jurídico.

En un mundo lleno de información —y ahora también de inteligencia artificial— el verdadero valor del abogado estará en su capacidad de interpretar, contextualizar y aplicar el derecho correctamente.

  • Y Cuarto: Curiosidad intelectual permanente.

El derecho cambia constantemente. Nuevas leyes, nuevas regulaciones, nuevos mercados, nuevas tecnologías.

El abogado que deja de estudiar simplemente deja de evolucionar.


Las causas que moverán al derecho

Más allá de las áreas tradicionales como derecho corporativo, fiscal o mercantil, la conversación reveló algo muy interesante sobre las preocupaciones de esta generación. Muchos de los temas que surgieron tienen que ver con problemas globales.

Entre ellos:

  • Protección ambiental
  • Regulación de la industria alimentaria
  • Derechos de los animales
  • Migración
  • Derechos de niñas y niños
  • Prevención de lavado de dinero
  • Regulación financiera

Esto refleja una tendencia que se observa en muchas universidades del mundo: los jóvenes abogados quieren participar en la solución de problemas sociales reales. El derecho ya no se ve únicamente como una herramienta económica, también se percibe como un instrumento de cambio social.


El derecho dentro de veinte años

Cuando les pedimos imaginar la profesión en veinte años, las respuestas apuntaron en la misma dirección:

  • Un derecho mucho más tecnológico.
  • Procesos judiciales digitales.
  • Expedientes electrónicos.
  • Automatización de trámites.
  • Uso extendido de inteligencia artificial.

Pero también apareció una reflexión interesante. En un mundo dominado por la tecnología, el conocimiento profundo del derecho podría convertirse en algo aún más valioso.

Uno de los pasantes lo expresó de forma muy gráfica:

“En veinte años, el abogado que realmente haya leído y estudiado va a ser el que destaque.”

La tecnología puede acelerar procesos, pero no reemplaza la comprensión profunda de las normas, los sistemas legales y la realidad social que el derecho intenta regular.


Escuchar a quienes apenas comienzan

Hay algo especialmente valioso en escuchar a quienes están dando sus primeros pasos en la profesión. Ellos todavía no están completamente moldeados por la tradición del sistema legal.

Todavía no tienen décadas de práctica que definan su visión.  Todavía se hacen preguntas que muchos abogados experimentados dejaron de hacerse hace tiempo, y precisamente por eso su perspectiva resulta tan útil. Porque en sus reflexiones aparece una mezcla interesante de realismo, curiosidad y ambición.

Saben que el derecho es una profesión exigente.

Saben que el mundo legal está cambiando rápidamente.

Saben que la tecnología transformará muchas tareas.

Pero también saben algo que quizá sea aún más importante:

Que el derecho sigue siendo una profesión profundamente humana.

Y mientras existan conflictos, acuerdos, decisiones difíciles y sociedades que necesiten reglas, siempre habrá espacio para quienes sepan interpretarlas, aplicarlas y, cuando sea necesario, transformarlas.

En otras palabras: El futuro del derecho no está en peligro, simplemente está evolucionando y la nueva generación de abogados ya lo sabe.

Redactores Mirai

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