
I. Introducción.
El aumento en la generación de residuos no es un fenómeno reciente; sin embargo, su aceleración en los últimos años lo ha convertido en uno de los desafíos ambientales más urgentes a nivel global. El 6 de abril de 2026, el Banco Mundial advirtió que el volumen de residuos sólidos podría incrementarse en un 50% hacia mediados de siglo si no se transforman las prácticas actuales de producción y de consumo.
En este contexto, tanto gobiernos como empresas han comenzado a incorporar criterios sociales y ambientales dentro de sus objetivos estratégicos. Así, surgen las “empresas socialmente responsables”, que son aquellas que, además de generar valor económico, buscan un impacto positivo en el entorno social y ambiental en el mediano y largo plazo.
En México esta problemática es crítica, ya que de acuerdo con el Diagnóstico Básico para la Gestión Integral de los Residuos (DBGIR), presentado por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNART), el país genera más de 139 mil toneladas diarias de residuos sólidos urbanos, que es una cifra equivalente a llenar 10 veces el Estadio Azteca cada día.
Aunado a ello, persisten rezagos estructurales importantes: infraestructura insuficiente, cobertura limitada de recolección y escasas capacidades institucionales para la gestión de residuos. Actualmente, solo el 5% de los residuos recibe algún tipo de tratamiento, mientras que el 72% carece de procesos de valorización. De igual forma la falta de sistemas homologados de información y trazabilidad se vuelven un obstáculo para avanzar hacia un modelo de economía circular.
Estos datos evidencian que México enfrenta limitaciones importantes para gestionar adecuadamente los residuos, que es una situación que cobra mayor relevancia ante la proximidad del Mundial 2026, que es un evento que incrementará significativamente la generación de desechos. Ante tal situación, la acción gubernamental es insuficiente sin el apoyo de sector empresarial.
II. La responsabilidad empresarial en la gestión de residuos.
La responsabilidad empresarial es la contribución activa y voluntaria de las empresas al desarrollo social, económico y ambiental que va más allá del cumplimiento normativo. Este concepto ha ido evolucionando y se ha desarrollado en 3 diferentes aspectos:
- Como cumplimiento legal: El acato de las obligaciones ambientales.
- Responsabilidad social empresarial (RSE): Integración voluntaria de prácticas sostenibles.
- Estrategias ESG: Incorporación estructural de criterios ambientales, sociales y de gobernanza en la toma de decisiones.
La gestión de residuos se ha ido posicionando como un eje clave en el impacto ambiental directo, en cuestiones de contaminación, emisiones y uso de recursos, llegando a generar riesgos legales ante su incumplimiento como lo son: las sanciones, clausuras, responsabilidad administrativa. A su vez trae aparejada la imagen y reputación corporativa ante la percepción de los consumidores e inversionistas.
Una adecuada gestión de residuos no solo reduce impactos negativos, sino que permite a las empresas generar un valor que fortalece su posicionamiento en el mercado y su alineación con estándares ambientales.
III. Adaptación y procesos empresariales.
La transición hacia modelos sostenibles exige un rediseño a los procesos internos que van desde la producción del empaque, hasta la logística de distribución. Con la entrada en vigor de la Ley de Economía Circular en enero del 2026, se ha provocado una ruptura con el modelo económico lineal, consistente en: producir, usar y desechar.
Las principales acciones empresariales que puede implementar las corporaciones son: la reducción de plásticos de un solo uso, la implementación de modelos de reutilización y reciclaje, la optimización de las cadenas de suministro y la incorporación de criterios de diseño sostenible.
Como parte de las estrategias ESG empresarial, la gestión de residuos se puede administrar mediante indicadores clave (KPIs), como: la tasa de reciclaje; tasa de reciclaje por material; y los ingresos por valorización de materiales. Los beneficios de estas medidas van desde la eficiencia operativa hasta la reducción de costos a largo plazo, esto genera una ventaja competitiva frente a otros proveedores.
Sumando a ello, las empresas que reportan sostenibilidad acceden a mejores oportunidades de negocio, al alinearse con mercados y regulaciones cada vez más exigentes.
IV. Relación con las Empresas Socialmente Responsables.
Ser una empresa socialmente responsable implica integrar principios éticos, sociales y ambientales en toda la operación del negocio. En este sentido, la gestión de residuos se convierte en un factor determinante para la obtención de certificaciones y distintivos, como el de Empresa Socialmente Responsable (ESR), así como en evaluaciones ESG.
Los principales grupos de interés como consumidores e inversionistas exigen cada vez mayor transparencia en los procesos y compromisos ambientales. Hoy en día, la forma en que una empresa gestiona sus residuos puede influir directamente en sus decisiones de inversión, en sus preferencias de consumo y relaciones comerciales. Por ello, la gestión ambiental se convierte en un criterio central de evaluación empresarial.
V. El Impacto del Mundial 2026 en la generación de residuos en México
La celebración del Mundial 2026 representa un reto significativo en materia ambiental. Eventos de esta magnitud pueden generar un incremento considerable en los residuos sólidos urbanos, en los plásticos de un solo uso y en los desechos provenientes de alimentos y bebidas.
Esto deriva en riesgos importantes, como la saturación de infraestructura existente y el aumento de la contaminación urbana. No obstante, también representa una oportunidad estratégica para México ya que fortalece alianzas entre el sector público-privado y el posicionamiento internacional de un país comprometida con la sostenibilidad.
VI. Retos y oportunidad
El reto o desafío principal consiste en la implementación efectiva de estrategias sostenibles tomando en cuenta retos como: los costos iniciales de inversión, la falta de infraestructura adecuada y la resistencia de ciertas organizaciones a los cambios.
Como parte de las oportunidades encontramos la innovación tecnológica, el desarrollo de nuevos modelos de negocios, el fortalecimiento de la reputación corporativa y su participación en las iniciativas públicas. En este contexto, la vinculación entre sector privado y políticas públicas resulta clave para acelerar la transmisión hacia modelos sostenibles.
VII. Iniciativas del Gobierno “Gol por México”
El 19 de marzo se dio a conocer la campaña “Gol por el Ambiente”, una iniciativa que busca involucrar a empresas, instituciones educativas, organizaciones civiles y dependencias gubernamentales en la implementación de proyectos ambientales. Su principal objetivo consiste en gestionar los residuos de plásticos y textiles, la integración de la biodiversidad en sectores económicos y la autorregulación empresarial en materia ambiental.
Para participar, las organizaciones deberán registrar su proyecto de gestión circular en la plataforma, la fecha límite para la inscripción es el 8 de junio. Esta iniciativa, marca una oportunidad para que las empresas del sector privado: cumplan con estándares ambientales, fortalezcan su reputación y se posicionen como lideres de sostenibilidad.
VIII. Conclusión.
La gestión de residuos ha dejado de ser un tema operativo para convertirse en una estrategia empresarial clave. El Mundial 2026 marcará un punto de inflexión en la forma en que México se enfrenta a este desafío. La presión sobre la infraestructura y el escrutinio internacional obligará a replantearnos las prácticas públicas como privadas.
En este escenario, las empresas tienen dos opciones: anticiparse o reaccionar.
Aquellas que se anticipen a estos cambios no solo están evitando estos riesgos regulatorios, sino que podrán capitalizar oportunidades en términos de eficiencia, reputación y competitividad. Al final, el verdadero gol no se marcará en la cancha, sino en la capacidad de las empresas de transformar sus operaciones hacia un modelo sostenible.

Natalia Avila
Estudiante de derecho con interés en temas de compliance, ética corporativa y criterios ESG. Su trabajo se centra en el análisis de buenas prácticas empresariales, la responsabilidad social y la gobernanza, con el objetivo de promover una cultura organizacional íntegra, sostenible y alineada con los estándares normativos contemporáneos.
Prácticas: ASG/ESG (Ambiental, Social y Gobernanza); Ética y Compliance.

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