
Lo que todo Sustainability y Compliance Officer en México y Centroamérica debería estar preguntándose sobre el Súper Niño 2026–2027
En agosto de 1877, un periódico limeño describió un fenómeno que los pescadores peruanos ya conocían desde hacía generaciones: cerca de Navidad, el mar se calentaba, los peces desaparecían y las corrientes cambiaban de sentido. Lo llamaron “El Niño”, en referencia al Niño Dios. Nadie imaginó entonces que ese mismo evento, potenciado por un extraño alineamiento del Pacífico, el Índico y el Atlántico Norte, desataría sequías simultáneas en India, China, Brasil y el sur de África, y que la combinación de clima extremo con políticas coloniales de exportación de grano —Gran Bretaña siguió embarcando trigo indio mientras millones morían de hambre— se cobraría entre 30 y 60 millones de vidas. Entre el 3% y el 4% de la humanidad de la época. Florence Nightingale lo resumió sin rodeos: “el mundo nunca ha visto un registro tan espantoso de sufrimiento humano”.
Ciento cincuenta años después, la Oficina del Clima de Estados Unidos (NOAA) proyecta con más del 90% de probabilidad que el evento que se está gestando en el Pacífico entre el otoño y el invierno de 2026-2027 sea uno de los más intensos jamás registrados desde que existen mediciones instrumentales, en 1950. Nadie está sugiriendo que 2027 replicará la escala humana de 1877 —hoy existen sistemas de alerta temprana, reservas alimentarias y redes de protección social que entonces no existían—. Pero el mensaje de fondo, el que debería inquietar a cualquier responsable de riesgos, ESG o continuidad de negocio en la región, es otro:
Los eventos climáticos extremos no matan por sí solos; matan cuando encuentran cadenas de suministro frágiles, gobiernos desprevenidos y empresas que no vieron venir lo evidente.
La señal ya está en el agua
No hace falta esperar a noviembre para ver los primeros efectos. El Canal de Panamá —por donde transita entre el 3% y el 5% del comercio mundial— anunció que a partir del 15 de septiembre de 2026 reducirá sus tránsitos diarios de 36 a 32 buques, el nivel más bajo desde la crisis hídrica de 2023. Las lluvias entre mayo y agosto quedaron 34% por debajo del promedio histórico en la cuenca del canal, y la propia Autoridad del Canal no descarta nuevas restricciones. Dos lagos artificiales —Gatún y Alhajuela— que además abastecen de agua potable a la mitad de los 4.2 millones de panameños, sostienen literalmente una arteria por la que pasan desde contenedores hasta gas natural licuado. Cuando esa arteria se estrecha, los costos de flete y los tiempos de espera se disparan: en 2023 se llegó a pagar hasta 4 millones de dólares por un cupo de tránsito de última hora.
Para cualquier empresa mexicana o centroamericana que dependa de insumos importados —o que exporte a Asia, Europa o la costa este de Estados Unidos— esto no es una nota curiosa de geografía. Es un problema de costos, de tiempos de entrega y, si su cadena de suministro no tiene rutas alternativas mapeadas, de cumplimiento de contratos.
El Corredor Seco, otra vez en la primera línea
El Comité Regional de Recursos Hidráulicos del SICA lleva meses advirtiendo que Honduras, El Salvador, Guatemala y Nicaragua enfrentan un “periodo crítico” de estrés hídrico, con menor recarga de acuíferos, caudales reducidos y una canícula más intensa justo en la etapa decisiva del ciclo de maíz y frijol. La Organización Panamericana de la Salud fue más allá en julio: advirtió que la escasez de agua potable empuja a las familias a almacenarla en recipientes domésticos, que se convierten en criaderos del mosquito transmisor del dengue, el zika y el chikungunya. Menos lluvia no solo significa menos cosecha: significa más enfermedad, más presión sobre sistemas de salud ya limitados, y más costo social que tarde o temprano se traduce en ausentismo laboral, migración interna y tensión comunitaria alrededor de las operaciones de cualquier empresa con presencia en la región.
Cacao, azúcar, café: el termómetro de las materias primas
Los mercados de commodities ya están descontando el fenómeno. Los futuros de cacao rondan máximos del año ante el temor de que las cosechas de Costa de Marfil y Ghana —que concentran cerca de tres cuartas partes de la producción mundial— se vean comprometidas; algunos analistas no descartan que los precios se acerquen de nuevo a los 10,000 dólares por tonelada. India, el mayor productor mundial de azúcar, suspendió sus exportaciones hasta finales de septiembre ante el riesgo de que el monzón, debilitado por El Niño, reduzca la cosecha entre tres y ocho millones de toneladas. El USDA proyecta alzas de hasta 8.4% en los precios internos de azúcar y cacao, dentro de un encarecimiento generalizado de alimentos cercano al 5% para 2026. El café, más sensible a la oferta específica de Brasil y Vietnam que al fenómeno en sí, se mueve con más incertidumbre, pero ningún productor centroamericano puede darse el lujo de ignorar la variable climática en un año como este.
A esto se suma la madera —con mayor riesgo de incendios forestales en zonas ya estresadas por la sequía— y, de forma transversal, el agua potable, el insumo que ninguna empresa fabrica, pero del que todas dependen.
La pregunta que un Compliance y Sustainability Officer no puede posponer
Aquí es donde el ejercicio deja de ser un boletín meteorológico y se convierte en una pregunta de gobernanza corporativa. Durante años, el riesgo climático se archivó cómodamente bajo la carpeta de “sostenibilidad”, como si fuera un tema reputacional o de reporte ESG anual. El Niño 2026-2027 debería terminar con esa separación. Si su cadena de suministro depende de cacao de África Occidental, azúcar de India o Brasil, café centroamericano, madera regional o transporte marítimo por el Canal de Panamá, usted no tiene un riesgo de sostenibilidad: tiene un riesgo de continuidad de negocio, de cumplimiento contractual, de exposición cambiaria y, en última instancia, de responsabilidad frente a su consejo de administración.
Las preguntas que valdría la pena llevar a la próxima sesión de comité de riesgos no son retóricas:
- ¿Nuestra matriz de riesgos climáticos está actualizada con los escenarios de 2026-2027, o seguimos operando con el mapa de 2023?
- ¿Tenemos rutas logísticas alternativas mapeadas y contratos que contemplen cláusulas de fuerza mayor climática?
- ¿Conocemos la exposición hídrica de nuestros proveedores directos y de segundo nivel en el Corredor Seco, o solo auditamos cumplimiento laboral y anticorrupción?
- ¿Nuestros planes de continuidad incluyen escenarios de escasez de insumos básicos —agua, cacao, azúcar, café, madera— con impacto simultáneo, o los tratamos como eventos aislados?
- ¿Estamos comunicando estos riesgos al consejo con la misma rigurosidad con la que reportamos riesgos financieros o regulatorios?
De 1877 a 2027: la lección que sí podemos aprender
Lo que convirtió la sequía de 1877 en una hecatombe no fue únicamente la fuerza del fenómeno natural, sino la ausencia de mecanismos de resiliencia y la decisión política de seguir extrayendo recursos de poblaciones ya vulnerables. Ciento cincuenta años de ciencia climática, sistemas de alerta temprana y gobernanza corporativa nos separan de aquel escenario. Pero esa distancia solo se traduce en protección real si las empresas —y quienes dentro de ellas tienen el mandato de anticipar riesgos— actúan con la misma urgencia con la que hoy actúan los mercados de cacao y las autoridades del Canal de Panamá.
El Súper Niño de 2027 no avisa con ambigüedad: la NOAA lo está proyectando desde meses atrás, los precios agrícolas ya lo están descontando y el Canal de Panamá ya está racionando sus esclusas. La pregunta que queda no es si el fenómeno va a impactar a las empresas de México y Centroamérica. Es si sus áreas de Compliance y Sostenibilidad estarán listas para haberlo anticipado, o si —como en 1877— descubrirán la magnitud del problema cuando ya sea demasiado tarde para algo distinto a contarlo.
Fuentes consultadas: NOAA Climate Prediction Center y GFDL (predicciones ENSO, julio-agosto 2026); Autoridad del Canal de Panamá, vía Euronews, Infobae, Diario Libre y Reuters/Yahoo Noticias (agosto 2026); Comité Regional de Recursos Hidráulicos (CRRH-SICA) y Organización Panamericana de la Salud (mayo-julio 2026); XTB, Sputnik Mundo y Bloomberg Línea (mercados agrícolas, mayo-agosto 2026); Mike Davis, «Late Victorian Holocausts» (2001); Singh et al., «Climate and the Global Famine of 1876-78», Journal of Climate (2018); Huang et al., Journal of Climate (2020); cobertura histórica en Xataka y El Diario (mayo 2026).

Luis Cuevas
Luis cuenta con una sólida trayectoria internacional en cumplimiento, ética corporativa y sostenibilidad, con experiencia en Suiza, Estados Unidos, Panamá y Reino Unido. Ha ocupado posiciones globales en las industrias farmacéutica y de consumo, destacando por su visión estratégica. Fundador de Rethical y Brain Tonic, es reconocido por su capacidad para identificar riesgos complejos y diseñar soluciones, posicionándose como un aliado clave para organizaciones que buscan operar con integridad y sostenibilidad.
Práctica: ESG. Derecho Ambiental. Ética y Compliance. Fintech & LegalTech. Life Sciences. Derecho Regulatorio.

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