El desconocimiento de la regulación legal de derechos de autor en la escena musical independiente mexicana

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México ha sido históricamente un país donde el arte ha encontrado múltiples formas de expresión. La obra de figuras como Diego Rivera, Frida Kahlo, Juan Gabriel, Armando Manzanero o Leonora Carrington, que aunque inglesa de nacimiento produjo gran parte de su obra en México, forma parte del imaginario colectivo y representa una parte invaluable del patrimonio cultural del país. Sin embargo, detrás de esos nombres ampliamente reconocidos existe una escena independiente que, aunque mantiene viva la creatividad de miles de jóvenes músicos, suele permanecer fuera del reflector.

Esta realidad no solo implica una falta de visibilidad, sino que, también refleja un problema menos evidente, pero igual de importante: el desconocimiento que los creadores tienen sobre los derechos que protegen las obras musicales desde el momento en que éstas son creadas. Muchos proyectos independientes dedican años a escribir canciones, grabar discos y organizar conciertos autogestionados, sin saber que la legislación mexicana ya reconoce y protege su trabajo, incluso antes de registrarlo formalmente.

¿Qué protege realmente el derecho de autor?

Para comprender esta problemática es necesario comenzar por una pregunta básica: ¿qué es una obra artística?

El jurista Jesús Parets Gómez, en Teoría y práctica del Derecho de Autor, define la obra artística como «el reflejo de la personalidad del autor materializada en una creación«. Esta concepción encuentra respaldo en la Ley Federal del Derecho de Autor, cuyo artículo 5 establece que la protección surge desde el momento en que una obra es fijada en un soporte material, independientemente de que posteriormente sea registrada.

En otras palabras, una canción escrita en una libreta, una maqueta grabada en una computadora o una composición guardada en un teléfono celular gozan de protección autoral si constituyen una creación original expresada de forma tangible.

La propia Ley reconoce expresamente a las obras musicales con o sin letra como una de las categorías protegidas por el derecho de autor, otorgando a sus creadores tanto derechos morales como derechos patrimoniales, que permiten, entre otros, autorizar o impedir la reproducción, distribución, comunicación pública y explotación económica de sus composiciones.

La independencia como forma de resistencia cultural

La escena musical independiente mexicana se caracteriza precisamente por su libertad creativa. A diferencia de muchos proyectos impulsados por grandes compañías discográficas, las bandas autogestivas suelen desarrollar propuestas alejadas de las tendencias comerciales y toman decisiones artísticas sin responder a las exigencias del mercado.

Esa independencia, sin embargo, también implica asumir tareas que normalmente realizaría una estructura profesional: grabar, distribuir, promocionar conciertos, diseñar mercancía y gestionar aspectos legales. Cuando la prioridad es simplemente lograr que la música exista, el conocimiento sobre propiedad intelectual suele quedar en segundo plano.

En este contexto surgen iniciativas que demuestran que otra forma de construir comunidad artística es posible. Uno de esos ejemplos es Teapreciounvergo, un sello discográfico originario de Ciudad Nezahualcóyotl, creado por un grupo de amigos que decidió construir sus propios espacios frente a las dificultades de acceder a los canales tradicionales de la industria musical.

Su catálogo reúne proyectos como De Todos Lados, Se Murió Don Octavio, Aguacero, Polilla Lunar, Hoy Voy a Correr un Maratón y Me Quieres Mucho No Me Quieres Nada, entre otros. Más allá de los géneros musicales que representan, todos comparten una característica: son proyectos nacidos desde la autogestión y sostenidos por personas que estudian, trabajan o hacen ambas cosas al mismo tiempo. Esta misma condición los vuelve especialmente vulnerables frente al desconocimiento de sus propios derechos.

Cuando la falta de información deja desprotegida a la creatividad

En muchas ocasiones, el problema no radica en la ausencia de protección jurídica, sino en la falta de información accesible para ejercerla. La mayoría de estos artistas no cuenta con asesoría especializada ni conoce las instituciones encargadas de proteger sus creaciones. Esto puede traducirse en situaciones como: publicar música sin conservar evidencia suficiente de la autoría; firmar acuerdos sin comprender el alcance de la cesión de derechos; desconocer cómo reclamar regalías; o permitir el uso de sus obras sin la autorización correspondiente.

Frente a este panorama, el Instituto Nacional del Derecho de Autor (INDAUTOR) desempeña un papel fundamental. Como órgano administrativo de la Secretaría de Cultura, es responsable del registro de obras protegidas por la Ley Federal del Derecho de Autor y administra procedimientos relacionados con la protección de los derechos autorales.

Aunque el registro no constituye el nacimiento del derecho, sí representa un importante medio de prueba sobre la titularidad de la obra y facilita su defensa en caso de controversia.

INDAUTOR permite registrar diversas categorías de obras, entre ellas: obras musicales; obras literarias; obras audiovisuales; programas de cómputo; obras fotográficas; y obras pictóricas y escultóricas, entre otras.

En el ámbito musical también resulta especialmente relevante la labor de la Sociedad de Autores y Compositores de México (SACM), una sociedad de gestión colectiva reconocida por la legislación mexicana.

Su función consiste en administrar determinados derechos patrimoniales de sus afiliados, recaudar regalías derivadas del uso público de las obras y promover una cultura de respeto hacia la creación musical. Como la propia institución señala, su objetivo es «fortalecer la protección de las obras intelectuales y reivindicar el trabajo de los compositores como una profesión digna que merece una remuneración justa«.

La propiedad intelectual también debe formar parte de la escena independiente

Hablar de derechos de autor en la música independiente no significa convertir el arte en un trámite burocrático. Significa reconocer que detrás de cada canción existe tiempo, trabajo, identidad y una historia personal que merece protección.

La legislación mexicana ya ofrece herramientas suficientes para que las y los creadores conserven el control sobre sus obras. El verdadero reto consiste en acercar ese conocimiento a quienes más lo necesitan: estudiantes, músicos emergentes, colectivos culturales y proyectos autogestivos que construyen comunidad desde espacios muchas veces invisibilizados.

La creatividad de la juventud mexicana está lejos de permanecer en silencio. Lo que necesita no es únicamente mayor difusión, sino también información clara que le permita transformar su talento en un proyecto sostenible y jurídicamente protegido.

Conclusión

La escena musical independiente demuestra que la cultura también se construye desde pequeños foros, estudios improvisados y colectivos organizados entre amigos. Sin embargo, cuando el desconocimiento sobre los derechos de autor acompaña ese proceso creativo, el talento puede quedar expuesto a prácticas injustas que limitan su desarrollo.

Informarse sobre la propiedad intelectual no significa perder la esencia independiente; significa conservar el control sobre aquello que nació de la propia creatividad. Registrar una obra, conocer los derechos morales y patrimoniales o comprender el funcionamiento de instituciones como INDAUTOR y la SACM son pasos que fortalecen a las y los autores e intérpretes y ejecutantes, sin condicionar su libertad creativa.

En Mirai creemos que proteger una obra no debe ser un privilegio reservado para quienes ya forman parte de la industria musical, sino una herramienta accesible para cualquier persona que crea. Si eres músico, compositor, productor o formas parte de un proyecto independiente, podemos acompañarte en la protección jurídica de tu trabajo mediante asesoría en derechos de autor, registro de obras ante INDAUTOR, revisión y negociación de contratos, licencias y estrategias para que conserves el control sobre tus creaciones.

Evento autogestivo denominado “Merkadita”, presentación de la banda “Se Murió Don Octavio”. Foto por: @Mick.in.mori

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Ángel Olvera

Egresado de derecho con especial interés en el derecho de propiedad intelectual, con práctica en derechos del consumidor y conciliación ante autoridades como PROFECO.

Prácticas: Derechos del consumidor y propiedad intelectual.

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